Espigas en perros: síntomas, cómo prevenirlas y qué hacer.

Con la llegada de la primavera y el verano, los paseos por parques, campos y caminos rodeados de vegetación se vuelven más frecuentes. Sin embargo, esta época también coincide con uno de los problemas más habituales en los perros: las espigas.

Aunque parecen inofensivas, estas estructuras vegetales pueden clavarse en diferentes partes del cuerpo y avanzar por los tejidos, provocando dolor, inflamación, infecciones e incluso lesiones más graves si no se detectan a tiempo.

Saber cómo prevenirlas, reconocer sus primeros síntomas y actuar de forma adecuada puede marcar la diferencia y evitar complicaciones.

¿Qué son las espigas?

Las espigas son las estructuras que contienen las semillas de algunas gramíneas silvestres. Cuando se secan, adquieren una forma alargada y terminan en pequeñas aristas orientadas hacia atrás.

Gracias a esta forma, pueden avanzar fácilmente en una única dirección, pero les resulta muy difícil retroceder. Si se enganchan al pelo o penetran en la piel o en algún orificio natural, el movimiento del perro favorece que continúen desplazándose hacia el interior.

Por este motivo, una espiga rara vez sale por sí sola una vez se ha introducido en el organismo.

¿Por qué las espigas son peligrosas para los perros?

El principal riesgo de las espigas es su capacidad para desplazarse por los tejidos.

A diferencia de una simple espina, una espiga puede seguir avanzando con el movimiento del perro y provocar inflamación, abscesos, infecciones e incluso lesiones en estructuras más profundas.

En algunos casos, el problema no aparece de forma inmediata. Si la espiga no se detecta, puede migrar durante días o semanas antes de provocar síntomas evidentes.

Por ello, es importante no subestimar las molestias que aparecen tras un paseo por zonas con hierba seca.

¿Dónde suelen clavarse las espigas?

Las espigas pueden introducirse prácticamente en cualquier parte del cuerpo, aunque algunas zonas presentan un mayor riesgo.

Entre los dedos y las almohadillas

Es una de las localizaciones más frecuentes.

Los síntomas más habituales son:

  • Cojera repentina.
  • Lamido constante de una pata.
  • Inflamación o enrojecimiento.
  • Dolor al caminar.
  • Aparición de un pequeño orificio o de una secreción si la espiga permanece varios días.

En las orejas

Las espigas pueden introducirse en el conducto auditivo, especialmente en perros con orejas caídas o abundante pelo.

Los signos más frecuentes son:

  • Sacudidas intensas de la cabeza.
  • Inclinación de la cabeza hacia un lado.
  • Rascado persistente de la oreja.
  • Dolor al tocar la zona.
  • Secreción o mal olor en algunos casos.

Si la espiga permanece en el oído, los continuos movimientos de la cabeza pueden favorecer que avance y provoque lesiones en el conducto auditivo o incluso en el tímpano.

En la nariz

Al olfatear la vegetación, algunas espigas pueden introducirse en las fosas nasales.

Los síntomas suelen aparecer de forma brusca e incluyen:

  • Estornudos repetidos y muy intensos.
  • Sacudidas de la cabeza.
  • Frotarse la nariz con las patas.
  • Secreción nasal, a menudo con sangre, normalmente por un solo orificio.

En los ojos

Cuando una espiga entra en contacto con el ojo puede producir lesiones muy dolorosas.

Algunos signos de alerta son:

  • Ojo cerrado o entrecerrado.
  • Lagrimeo abundante.
  • Enrojecimiento.
  • Sensibilidad a la luz.
  • Frotarse el ojo de forma continua.

En algunos casos pueden producirse úlceras en la córnea, por lo que cualquier lesión ocular requiere atención veterinaria urgente.

En la boca

Aunque es menos frecuente, algunas espigas pueden clavarse en la lengua, las encías o el interior de la boca tras masticar hierba.

El perro puede presentar:

  • Babeo excesivo.
  • Dificultad para comer.
  • Molestias al abrir la boca.
  • Sacudidas de la cabeza o intentos repetidos de frotarse el hocico.

En otras zonas del cuerpo

También pueden clavarse en la piel, las axilas, la región inguinal o la zona genital.

Si aparece un bulto doloroso, un absceso o una herida que no cicatriza tras un paseo por zonas con vegetación seca, es recomendable acudir al veterinario para descartar la presencia de una espiga.

¿Cómo saber si un perro tiene una espiga?

Los síntomas dependerán de la zona afectada, pero algunos de los más habituales son:

  • Cojera repentina.
  • Lamido excesivo de una pata.
  • Sacudidas continuas de la cabeza.
  • Estornudos intensos y repetidos.
  • Dolor localizado.
  • Inflamación.
  • Enrojecimiento.
  • Lagrimeo abundante.
  • Secreciones con sangre o pus.
  • Molestias que aparecen de forma repentina tras un paseo.

Si estos signos aparecen después de caminar por zonas con hierba seca, conviene sospechar de una posible espiga y consultar con un veterinario.

¿Qué hacer si sospechas que una espiga se ha clavado?

Si crees que una espiga se ha introducido en el cuerpo del perro, lo más importante es evitar manipular la zona en exceso.

Aunque en ocasiones pueda parecer visible, intentar extraerla sin los medios adecuados puede hacer que se rompa o que penetre todavía más en los tejidos, dificultando posteriormente su localización.

Nunca se deben introducir pinzas, bastoncillos u otros objetos en el oído, la nariz o el ojo para intentar retirarla.

Lo más recomendable es acudir al veterinario lo antes posible. Dependiendo de la localización, puede ser necesario utilizar instrumentos específicos e incluso sedación o anestesia para extraer la espiga de forma segura y minimizar el dolor.

¿Cómo prevenir las espigas en perros?

No siempre es posible evitarlas, pero algunas medidas ayudan a reducir el riesgo.

Evita las zonas con abundante hierba seca

Durante la primavera y el verano, siempre que sea posible, elige caminos despejados o áreas donde la vegetación esté bien mantenida.

Revisa al perro después de cada paseo

Dedica unos minutos a revisar especialmente:

  • Entre los dedos.
  • Almohadillas.
  • Orejas.
  • Axilas.
  • Ingles.
  • Alrededor de los ojos.
  • Abdomen.
  • Cola.

Cuanto antes se detecte una espiga atrapada en el pelo, menor será la probabilidad de que llegue a clavarse.

Mantén el pelo bien cuidado

En perros de pelo largo, mantener recortado el pelo entre los dedos, alrededor de las orejas y en otras zonas donde las espigas puedan quedar atrapadas facilita su detección y reduce la posibilidad de que permanezcan ocultas.

No es necesario rasurar al perro, sino mantener esas zonas despejadas.

Evita que introduzca la cabeza en matorrales secos

Permitir que explore forma parte de un paseo enriquecedor, pero conviene evitar las zonas con abundantes espigas secas, especialmente durante los meses de mayor riesgo.

¿Cuándo acudir al veterinario?

Es recomendable acudir al veterinario siempre que exista la sospecha de que una espiga se ha introducido en el cuerpo del perro.

También debe solicitarse atención veterinaria si aparecen:

  • Dolor intenso.
  • Cojera persistente.
  • Estornudos repetidos.
  • Sangrado.
  • Secreción con pus.
  • Inflamación importante.
  • Molestias en los ojos, los oídos o la nariz.

Una extracción temprana suele ser más sencilla y disminuye el riesgo de complicaciones.

Errores frecuentes

Algunas actuaciones pueden empeorar el problema o retrasar el tratamiento.

Los errores más habituales son:

  • Pensar que la espiga saldrá sola con el paso de los días.
  • Introducir pinzas o bastoncillos en el oído o la nariz.
  • Aplicar pomadas o gotas sin indicación veterinaria.
  • Esperar a que desaparezcan los síntomas sin revisar al perro.
  • No inspeccionar el cuerpo después de pasear por zonas con vegetación seca.

Preguntas frecuentes

¿Todos los perros pueden tener problemas con las espigas?

Sí. Cualquier perro puede verse afectado, aunque el riesgo suele ser mayor en aquellos que pasean con frecuencia por el campo, practican actividades al aire libre o tienen pelo largo, especialmente entre los dedos o alrededor de las orejas.

¿Las espigas pueden provocar infecciones?

Sí. Si permanecen dentro del organismo pueden favorecer la aparición de inflamación, abscesos e infecciones bacterianas. Además, al desplazarse por los tejidos pueden causar lesiones más profundas.

¿Puede una espiga salir sola?

No suele ser lo habitual. Debido a su forma, las espigas tienden a avanzar hacia el interior en lugar de salir al exterior de manera espontánea.

¿Puede una espiga ser peligrosa?

Sí. Aunque muchas se retiran sin complicaciones cuando se detectan a tiempo, si permanecen en el organismo pueden desplazarse hacia tejidos más profundos y provocar lesiones o infecciones que requieran tratamiento veterinario.

¿En qué época del año hay más espigas?

El mayor riesgo suele concentrarse entre finales de la primavera y el verano, cuando muchas gramíneas se secan y las espigas se desprenden con facilidad.

Conclusión

Las espigas son uno de los problemas más frecuentes durante la primavera y el verano y pueden afectar a cualquier perro. Aunque sean pequeñas, tienen la capacidad de penetrar en el organismo y desplazarse por los tejidos, por lo que es importante actuar con rapidez ante cualquier sospecha.

Revisar al perro después de cada paseo, evitar las zonas con abundante hierba seca y reconocer los primeros síntomas son las mejores medidas para reducir el riesgo. Si sospechas que una espiga se ha clavado, acudir al veterinario cuanto antes permitirá retirarla de forma segura y disminuir la probabilidad de complicaciones.

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